miércoles, 18 de julio de 2007

para qué sirven los ríos

"Roma", de Adolfo Aristaraín. Película autobiográfica del cineasta argentino y homenaje nostálgico a su madre, que da nombre a la película, y al amor incondicional de cualquier madre. El protagonista, todavía un niño, escucha a su padre a la orilla de un río:

¿Sabes para qué sirven los ríos? [...] Se pueden usar para navegar -si son profundos-, para viajar, para que los tigres no se mueran de sed, para que Pando se bañe... y también sirven para otras cosas. Si uno está mal, si estás triste, buscás un río, te ponés al lado de la corriente, empezás a pensar en todo lo que te hace mal y lo decís en voz alta. Lo tenés que decir como si tiraras todo al río, y vas a ver como el agua lo lleva todo: las penas, la tristeza, la bronca por algo que haya pasado... Todo lo malo, al río.

Si sirve un río, espero que, con mayor motivo, me haya servido el mar.

2 comentarios:

Arturo dijo...

Este texto está en mi cuaderno desde 1982 y lo he rescatado leyendo tu comentario.

Dime, ¿qué tiras al agua?
Un público desconsuelo y una secreta esperanza, lágrimas que no son mías, recuerdos y madrugadas, remordimientos antiguos, palabras, muchas palabras que por dichas no conviene recordarlas. Trabajos mal terminados, canciones inacabadas, nombres de malos amigos, dudas y dos o tres cartas malamente concebidas y escritas en hora mala. Silencios, muchos silencios, desgracias, muchas desgracias, desabridas actitudes, iras injustificadas, tiempo inútil y perdido, deudas que nunca se pagan, tristezas no comprendidas, hambres, miserias humanas, vergüenzas inconfesables, limosnas no confesadas, consejos paternalistas, éxodos de casa en casa y una desconsoladora sensación dentro del alma. Desatinos, desacuerdos, mentiras innecesarias, traiciones no cometidas, promesas no consumadas, falsos credos, diferencias, hipócritas alabanzas, prejuicios imperdonables, conclusiones temerarias, resentimientos oscuros, frases desafortunadas, mi vida, mi vida entera... ¡mira cómo se la lleva el agua!
(Alberto Cortez/J. Fernando Dicenta)

tentetieso dijo...

Una cosa lleva a otra. Me alegro que cuatro líneas te lleven a desempacar viejos escritos, a desempolvar viejos recuerdos.

No paramos de echar cosas al río. Son las mismas cosas pero no son las mismas. Ni el río es nunca el mismo río -ya lo dijo Heráclito- ni nosotros somos tampoco los mismos. Todo va cambiando de sabor con el paso del tiempo/de las aguas. Eso debe de ser la vida.

Benditos los ríos que nos llevan.