jueves, 12 de julio de 2007

Robert Millar y la mitad perdida

Me llamo Roberto y soy lesbiana. Ésta pudo ser la carta de presentación del ciclista Robert Millar unos años atrás. Hoy, tras una operación de cambio de sexo, se llama Philippa York y vive con su novia.

Una buena ocasión para replantearnos quiénes somos. Para constatar que los envoltorios rígidos son anteojeras que limitan la visión de 360º a la que deberíamos aspirar. Las categorías son útiles para entender una realidad compleja, pero esa misma complejidad exige flexibilidad, cajas llenas de agujeros y de tubos comunicantes.

Se insinúa que la decisión sobre el cambio de sexo tiene que ver con un exceso de dopaje. ¡Cuánta necesidad tenemos de encontrar una razón palpable para todo! ¿Cómo se puede despachar en tres palabras algo tan íntimo como la conciencia de la propia identidad, compleja y -por qué no- cambiante en el tiempo? ¿Tanto miedo tenemos a las categorías porosas, a aquello que no nos encaja en los estándares habituales -por cierto, quién los define? Uf, si encima a esto añadimos una orientación sexual no mayoritaria, ya no entendemos nada. Un bicho raro. Una bicha rara. La bicha. Vade retro.

Añado un párrafo de la escritora mallorquina Carme Riera en Temps d'una espera sobre el mito clásico del andrógino y la búsqueda de la feminidad a la que la historia de este ciclista viene como anillo al dedo:

De la mà de la mitologia m'he acostat als grecs. He agafat El Banquet [de Plató], que sempre guarda sorpreses. Rellegir-lo per a tu, amb tu, m'ha permès entendre d'una manera distinta el mite de l'androgin. Érem, abans del càstig, persones dotades de dos caps, dos cossos, dos sexes, masculí i femení. En ocasions, doblement masculí, o femení en d'altres. Però els déus, alarmats pel poder que anàvem adquirint, adonant-se del subversiu que podria arribar a ser, ja que sospitaven que volíem construir una escala per arribar fins a l'Olimp, ens tallaren pel mig, i des de llavors cada un de nosaltres cerca la seva meitat perduda, la seva mitja taronja, tal com es diu de manera col.loquial. Pens, a hora d'ara, que la nostra autèntica meitat és l'ésser que ens va gestar, de la qual cosa podria deduir-se que la meitat perduda per tots, homes i dones, és sempre femenina.
Al principio teníamos dos cuerpos y dos sexos, masculino y femenino, a veces doblemente masculino o femenino. Pero los dioses, sintiédose amenazados, nos partieron por la mitad. Desde entonces, vagamos en busca de nuestra mitad perdida. "Pienso ahora que nuestra auténtica mitad es el ser que nos gestó, de lo que se podría deducir que la mitad perdida por todos, hombres y mujeres, es siempre femenina". Y -añado yo- maternal.
Foto de Chema Madoz

1 comentario:

Danuto dijo...

Muy bueno.
Un saludo.
(Cagüentodo, no sabía lo de los Buñuel)