Hasta las calles que rezuman sonidos de guitarra y castañuelas se han congelado en un largo intermedio de silencio.
Hasta las naranjas que cuelgan brillantes en los paseos están envueltas en un halo de callada niebla.
Hasta los patios ingeniados para regalar frescor resultan inhóspitos porque fuera hace más frío aún.
Si hasta las ciudades más vitales tienen su invierno, habrá que convenir que es natural que lo que a algunos nos pida el cuerpo sea un largo periodo de silenciosa hibernación.
------------
Sevilla, 6/12/2009.
La cultura del odio
-
Este texto del colombiano Mario Mendoza es todo un señalamiento a nuestra
sociedad actual. Cabría decir: *"El que esté libre de culpa, que tire la
primer...
Hace 1 semana
No hay comentarios:
Publicar un comentario