lunes, 22 de octubre de 2007

candor y purpurina

Un bucólico pueblo irlandés a finales de los 60. Los petirrojos revolotean alrededor del campanario de la iglesia. En algún momento se paran sobre las botellas de leche que el repartidor acaba de dejar junto a una puerta. Suena la música alegre de Sugar baby love (The Rubettes). Va a empezar un cuento de hadas...

O quizá no. Igual que una pizca de sal en el bizcocho potencia el sabor dulce, el envoltorio de comedia ligera -para el que es clave la estupenda banda sonora- no busca sino acentuar la amargura que empapa el interior.

Patrick crece en una familia adoptiva en la que echa de menos el amor de una madre que lo abandonó al nacer. Una madre que se parecía a Mitzi Gaynor y que lo dejó en un cesto a la puerta de la parroquia donde estuvo durante un tiempo al servicio del padre Bernard. Pronto la vida de Patrick aparece marcada por el rechazo que genera su afición a la ropa femenina o su preferencia por las clases de corte y confección en lugar de las de educación física.



Aún así, llena el jersey gris de su uniforme escolar de botones multicolores y el cuello de la camisa de abigarrados bordados. Se pone el mundo por montera y un día emprende camino a Londres en busca de su madre. El camino será largo. Conocerá el amor y el desengaño, la violencia, la soledad y el compañerismo. Comprobará lo difícil que puede resultar ser uno mismo, mejor dicho, una misma: Patricia Kitten (Gatita). Pero no por eso abandonará su inocencia ni sus ganas de seguir adelante.

Una de las muchas escenas delirantes: con el conflicto terrorista del Ulster siempre presente -sufre los efectos de un atentado y su mejor amigo, que padece síndrome de Down, muere al estallar una bomba-, Kitten se lanza a salvar el mundo convertida en Deep Throat (Garganta Profunda) y se interna en las madrigueras del IRA para eliminar a los violentos con su mejor arma: un frasco de perfume bautizado "con el número de la suerte de Coco Chanel". Delirante si se toma fuera de contexto, porque no es más que la respuesta lógica cuando una realidad axfisiante hace necesaria una vía de evasión.



Seguramente la palabra candor suena demasiado a puritanismo de posguerra, a mandamiento de la Sección Femenina. Pero el diccionario la define como "sinceridad, sencillez, ingenuidad y pureza del ánimo". Por eso creo que es una buena manera de definir a Patricia-Kitten-Gatita: absolutamente candorosa.

Desayuno en Plutón (Breakfast on Pluto). Neil Jordan, 2005.
Basada en la novela homónima de Patrick McCabe.


2 comentarios:

mi despertar dijo...

Muy buen blog, en realidad no sé como llegué aqui,estoy perdida espero encontrar el camino el mio
Abrazos

tentetieso dijo...

¿Perdida? No lo creo. Al menos, no más que los demás. Pero si encuentras el camino, házmelo saber. Y avisa de adóonde lleva ;-)

Saludos agradecidos.